El prócer de la industria editorial Rolf Rudolph Deutsch está postrado en cama a la espera de que la Descarnada venga a cobrarse su vida. Tiene cáncer y sus expectativas de vida se reducen a días. Sin embargo, antes de exhalar el último aliento desea conocer la respuesta definitiva a una vieja pregunta: ¿existe vida después de la muerte? Para recibir contestación a esa inquietud inmortal contrata los servicios de uno de los más reputados especialistas estadounidenses en fenómenos paranormales, el escéptico Lionel Barrett. Deutsch lo reclama en su aposento y le ofrece una gran suma de dinero a cambio de que resuelva el enigma sobrenatural. Cuando Barrett acepta la oferta de trabajo, que deberá realizarse en la Mansión Belasco, la única casa encantada que se ha resistido a todos los intentos por desacreditarla practicados hasta el momento, Deutsch le informa de que otras dos personas lo acompañarán durante su estancia en el terrible edificio: Benjamín Franklin Fischer, ex celebridad del mundo de la parapsicología y superviviente de un dramático experimento previo en la Mansión Belasco; y Florence Tanner, médium. Además, la esposa del doctor se incorpora finalmente a la expedición.
La estancia de los protagonistas en la Mansión Belasco es narrada casi minuto a minuto, con una precisión que causa por sí misma una cierta sensación de inquietud, de expectación y conciencia del paso del tiempo, y ocurre así desde la llegada al desolado paraje en el que se halla edificada la maléfica Casa infernal. Matheson describe esa primera aproximación del siguiente modo:
–Estamos entrando.
De repente, el coche se sumergió en una niebla verdosa y el conductor redujo la velocidad. Todos los miraron y advirtieron que se había inclinado sobre el volante, acercando su rostro al parabrisas. Al cabo de unos instantes, conectó los faros antiniebla y los limpiaparabrisas.
–¿Cómo es posible que alguien decidiera construir una casa en un lugar como éste? –preguntó Florence.
–Para Belasco, esto era el paraíso –respondió Fischer.
Todos miraron por las ventanillas hacia la encrespada niebla. Tenían la impresión de encontrarse en un submarino que se sumergía, lentamente, en un mar de leche condensada. Junto al vehículo aparecían árboles, arbustos o formaciones rocosas que desaparecían al instante. Sólo se oía el ronroneo del motor.
[...]
Ahora avanzaban en silencio. Sólo se oía el crujido de la gravilla bajo sus pies. Aquel lugar era tan húmedo que todos tenían la impresión de que el frío había logrado adentrarse en sus huesos. Edith se levantó el cuello del abrigo y se acercó más a Lionel. Ambos siguieron caminando cogidos del brazo y mirando hacia el suelo. Florence les seguía.
Cuando Lionel se detuvo, Edith levantó la mirada.
Ante ellos, envuelta en la niebla, surgía amenazadora la silueta de una inmensa casa.
Como introducción al satánico edificio no está nada mal. El lenguaje es sencillo, práctico, despojado de estridencias góticas a pesar de que prolijidad es justo lo que uno esperaría de una novela sobre casas encantadas. Sin embargo, resulta evidente que Richard Matheson optó por modernizar las formas, como se demuestra a medida que van pasando las páginas y el horror comienza a manifestarse.
En conjunto se trata de una novela interesante. Tanto los motivos y las creencias de cada uno de los personajes están claros como el agua, y resulta convincente, incluyendo la apetencias sexuales de Belasco (el espectral morador), y las inclinaciones lésbicas de algún personaje. El misterio como fuerza creciente también aporta valor, según las normas del género, pero la combinación de todos estos elementos aisladamente favorables, incluyendo las turbadoras y dosificadas revelaciones sobre la vida terrenal de Belasco, no confieren a La casa infernal la dignidad de obra maestra, o por lo menos cautivadora, que uno esperaría de un novelista que ha sido calificado por Ray Bradbury como «uno de los escritores más importantes del siglo XX», y sobre quien Stephen King confesó que era «el autor que más me ha influido como escritor». Magníficas referencias que no se ven justificadas en un relato bien tramado, satisfactoriamente resuelto, pero un tanto menor. Me aburrí a ratos, y siempre he considerado eso como la peor señal de una novela deficiente.
Tanto La casa infernal como otras novelas de Richard Matheson están disponibles en la Casa del Libro.
Etiquetas: novela, prosa, psicológica, Richard Matheson, terror, USA
