Suele ocurrir que las vidas vividas por las celebridades resultan mucho más interesantes a ojos del público que las mismas vidas vividas por un don nadie. La fama reviste la existencia de quienes la disfrutan de un aura de sofisticación a la vez terrenal y espiritual (por poco sentido que esto tenga). Ocurre lo mismo con la belleza física: el rostro que en mitad de la calle apenas motiva una segunda mirada, se vuelve tan apuesto que le hace a uno sentirse irresistiblemente atraído cuando se proyecta en el televisor o encima de un escenario. De idéntica forma, un hecho aparentemente prosaico cobra una importancia inusitada cuando ha intervenido, aunque sea sólo de un modo circunstancial, en la vida de un escritor, por poner un ejemplo.
Mientras escribo, el libro de Stephen King que tengo encima de la mesa en este momento, es una magnífica biografía trufada de buenos consejos sobre el difícil oficio de escribir.
Habiendo sido Stephen King mi novelista favorito durante los largos años de mi adolescencia, cuando devoraba los libros que llevaban su nombre en la portada con un insaciable apetito que tenía algo de obsesivo, me sentí de lo más decepcionado una vez que empezó a publicar novelas de una mediocridad tan ostentosa como Buick 8. Un coche perfecto. En su momento pensé que King se había comportado como un perfecto arrogante al sacar a la luz un libro que no sólo no le hacía ningún bien a él, sino que también causaba un verdadero problema a sus lectores: les aburría.
El cazador de sueños se reveló como una pérdida de tiempo y de dinero que engullí a trancas y barrancas noche tras noche en las horas previas al sueño, y La chica que amaba a Tom Gordon impactó contra mi cráneo como una piedra propulsada por un profesional del lanzamiento de pesos. Pequeñas estrellitas gravitaron como locas alrededor de mi cabeza. Sin embargo, en mitad de esta travesía del desierto de un escritor sin ideas y con una manifiesta incapacidad para reconocer sus crecientes limitaciones creativas, Mientras escribo asaltó el camino como un genio dispuesto a concedernos tres deseos. Y mi principal deseo fue que los muchos euros que invertí en el ejemplar en tapa dura, adquirido en la pequeña librería de un centro comercial sevillano, no se fueran por el sumidero como un pedazo de papel usado. El hado atendió mis plegarias.
Como ya dije, Mientras escribo ofrece una perspectiva nueva y auténticamente espectacular de la vida de Stephen King desde su niñez hasta los tiempos inmediatamente posteriores al accidente de tráfico --fue atropellado por un conductor ebrio-- que casi le expidió el ticket de viaje al más allá. Aunque no quiero sonar crudo, es evidente que aquella experiencia, por lo demás tan trágica como cabe suponer, le sentó muy bien a la moral literaria del actual rey del género de terror.
Lo primero que uno advierte al pasar las páginas del libro es que está tan bien escrito que casi resulta conmovedor. Supongo que el talento lo enternece a uno, y ese uno soy yo. En realidad da igual que el lector no sienta el menor interés por la vida, en muchos sentidos corriente y moliente, de Stephen King; tampoco importa demasiado que el lector no haya escrito una sola línea en su vida y que no tenga más interés en empezar a hacerlo ahora de lo que lo tiene en practicar paracaidismo con un paracaídas perforado. Pero Mientras escribo es la crónica vital de un hombre que ha aprendido a amar su trabajo desde lo más profundo de su corazón, y en este sentido el relato refleja el tipo de emociones impúdicamente confesadas que le hacen a uno quedarse prendado de las palabras, las frases y los párrafos.
Es posible que los lectores más sensibles sufran pequeñas convulsiones a medida que avancen en sus ejemplares y descubran secretos tan poco edificantes como que King fue un drogadicto de la peor clase, un tipo capaz de meterse en el cuerpo litros de enjuague bucal si con eso conseguía calmar los ardores de la abstinencia. También resulta conmovedor conocer la dura, agotadora y dolorosa rehabilitación a la que King fue sometido tras el aparatoso accidente de tráfico; y es que no parece fácil imaginarse al gigante del terror llorando como un niño.
En resumen, Mientras escribo es el mejor libro que King ha fagocitado en mucho tiempo. Si pudiéramos confiar en que esto se repitiera...
Todos los libros de Stephen King se encuentran en la Casa del Libro.
Etiquetas: Stephen King, USA
